Comunicación Alternativa // ISSN 2145-390X

LA COMUNICACION EN TIEMPOS DE REPRESION

Por: Sergio Vargas, opinión MZO.
Fecha de publicación: 24 de octubre de 2012.

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Momento de la agresión policial contra fotografa de El Tiempo el martes 23 de octubre de 2012. Foto: Archivo.
 

La brutal agresión que sufrió la periodista de El Tiempo, la colega Ana María García, el día martes, por parte de un miembro de la Policía Metropolitana de Bogotá, no sólo refleja el accionar de la institución contra los periodistas y la ciudadanía en general, sino también desenmascara a las asociaciones de prensa y agremiaciones de defensa de la libertad de expresión, por su rasero de doble moral con el cual juzga los hechos violentos. Por tratarse de una reportera de uno de los medios más importantes del país, Fecolper y otras agremiaciones – al conocer los hechos – realizaron, como era menester, la denuncia pública en tiempo real; su pronunciamiento fue valioso para que el comandante de los violentos, el general Luís Eduardo Martínez, tuviera que pedir perdón público a la víctima apenas unas pocas horas después de acaecida la agresión. Para quienes actuamos desde otros ángulos de la información, nos parece deleznable que frente a cientos de personas, y en medio de una emergencia como era el hecho de la colisión de dos articulados de Transmilenio, un desadaptado haya violado la integridad física de una periodista que simplemente quería reportar el hecho; y nos solidarizamos con ella y hacemos un llamado a que las instituciones defiendan, protejan y respeten el ejercicio a la libertad de prensa y expresión.

Sin embargo, el hecho merece un análisis más profundo. Apenas un día antes, se conoció que el portal de Internet Kien y Ke, patrocinado por la multinacional Pacific Rubiales,
había expulsado de manera ilegitima al periodista Daniel Pardo, precisamente por publicar un artículo en donde develaba las estrategias publicitarias de la depredadora extranjera. Ya en marzo del año pasado, el oligopolio del medio había desterrado de sus huestes a Adriana Arcila, después de que publicase una columna con denuncias sobre los empresarios de flores y sus relaciones con la criminalidad. En estos dos casos, y sobretodo del más reciente, no se conoce pronunciamiento alguno por parte de las agremiaciones que dicen defender los derechos de los colegas; apenas tibios y someros artículos de apoyo y solidaridad que han surgido a título personal de algunos escritores, mas no como política editorial de algún medio de comunicación.

Y ni qué decir sobre los hechos
denunciados y documentados de agresiones policiales del pasado 12 de octubre, en la marcha final de la semana de la indignación en Bogotá: los manifestantes fueron atacados a mansalva por los uniformados, y en especial por quienes hacen las veces de verdugos del poder, los miembros del ESMAD y de la Fuerza Disponible... Fue tanta la carga violenta que decenas de periodistas resultaron siendo agredidos, principalmente de medios alternativos, pero también proletarios de los masivos. Se pueden reseñar a los periodistas de RCN que fueron atacados, y a quienes la compañía los invisibilizó al no denunciar los hechos; el periodista independiente y extranjero Girgio Sabaudo al sur de Bogotá; así como el colega del Centro de Medios Populares, Camilo Aguilera, lesionado en la cara por la acción de un gas lacrimogéno de la policía nacional; a Ernesto Mercado, a quien le rompieron la cámara vándalos uniformados; e incluso a Guillermo Castro, de El Macarenazoo, que al no dejarse arrebatar la cámara de video, le fue sustraída de manera irregular su escarapela de prensa. Estas denuncias se han compendiado y enviado en un documento público a las agremiaciones de prensa, a la policía nacional y a la primera autoridad de policía del Distrito, el alcalde Gustavo Petro, y sin embargo esto no ha llamado tanto la atención como la agresión sufrida por la reportera de El Tiempo el pasado martes. Incluso, las denuncias de los agredidos del 12 de octubre señalan que al quejarse ante las mismas agremiaciones que salieron presurosos a defender a la colega antier, éstas exigían presentar una denuncia como requisito para que se pudieran pronunciar públicamente. ¿Por qué el martes, sin la existencia de ese documento por parte de la afectada, sí se pronunciaron? ¿Por qué en plena jornada de agresiones del 12 de octubre desatendieron los llamados de alerta?

Es importante, sin embargo, seguir mirando estos hechos en contexto, y haciendo claridad que sólo nos fijamos ahora en los aspectos de impacto mediático. Basta recordar otros hechos de reciente importancia para develar estrategias que guían a los emporios de la comunicación: mientras a algunos columnistas los echan de sus trabajos (y el caso de Kien y Ke es el más representativo coyunturalmente, pero no el único), a otros periodistas y seudo escritores en algunos medios los siguen manteniendo o no se realiza proceso de verificación de sus contenidos, pese a defenestrar todos los códigos éticos de la comunicación. Tal es el caso de José Obdulio Gaviria, ex asesor presidencial de Álvaro Uribe Velez, que al unísono del anuncio del inicio de los diálogos de paz entre el gobierno y las FARC decide publicar un
fragmento de alguna efigie literaria propia, en donde no se avizora centímetro alguno de argumento periodístico... Pues utilizó su columna para narrar sueños y pesadillas que circundan su cabeza, sin advertirle al lector de que no se trataba de una historia real... El Tiempo, en este caso, terminó realizando un simple llamado de atención al seudo literato, y pese a su exclusión, que se dio por presión mediática, José Obdulio sigue escribiendo sus maquinaciones de ficción y las presenta como hechos reales.

En otro sonado caso, Héctor Contreras, de la popular emisora Los 40 Principales, conformó un grupo de homofobicos para atacar las libertades sexuales de sus oyentes, con el eslogan de
“¡Ay mariquita!” Obviamente, las organizaciones diversas reclamaron por el adefesio que promocionaba la xenofobia, y lograron que la cadena radial se disculpara, pero no que el escarmiento y ejemplo ético y moral sucediera: una sanción ejemplar contra el promotor y los promotores del ejercicio racista... ahí siguen llenando de basura las mentes de los jóvenes oyentes. Pero esto tampoco mereció un contundente rechazo de los grupos que protegen el gremio; realmente la fuerza social ha estado reflejada en las redes sociales, que nunca han callado frente a improperios: es hora, pues, de bajar del pedestal a los burócratas de la comunicación y procurar que los internautas (y los lectores de medios impresos, y los oyentes de radios comunitarias, y los televidentes) preocupados por el devenir político asuman su rol en defensa del periodismo alternativo y popular. ¡En tiempos de represión los ciudadanos deben armarse con medios de comunicación propios!

Adenda 1: se cumplirán seis meses de desaparecida nuestra compañera periodista de El Macarenazoo, Carolina Garzón. Por este caso, tampoco las organizaciones gremiales de prensa han realizado pronunciamiento alguno, pero sin embargo la solidaridad y la resistencia perduran, por parte de las autoridades ecuatorianas, organizaciones sociales, compañeros y medios amigos.

Adenda 2: La nueva senadora Astrid Sánchez Montes de Oca, reemplazo del destituido senador Eduardo Carlos Merlano, y hermana de los parapolíticos Odín Sánchez y el ex gobernador Patricio Sánchez, se
posesionó al cierre de esta edición golpeando periodistas y restringiendo las libertades de prensa. Así continuá este país endosado a la imagen criminal.


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