Comunicación Alternativa // ISSN 2145-390X

OPERACIÓN JAQUE, LA VERDAD ESTATAL CON EL PAPEL DE LAS FARC

A propósito de la Operación Jaque, algunos interrogantes, cuestionamientos, y dudas, merodean el papel del estado para aprovechar sus facultades guerreristas. Opinión.

 

Por: Sergio vargas.

 

La Operación Jaque que rescató a la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt y un puñado de policías y soldados retenidos por las FARC, ha sido uno de los hechos que ha levantado la popularidad del gobierno de Uribe Vélez; un episodio más de la estela de éxitos que ocultan la sistemática violación a los derechos humanos por parte del Estado. La cadena internacional National Geographic recopiló la historia y detalló paso a paso la operación, su preparación y su efectiva realización, ofreciendo pormenores que vislumbran cosas que trascienden al exitoso operativo como tal.

 

Es importante referenciar que el documental presenta a los encargados y encargadas de realizar el plan, a través de una serie de testimonios que confirman algunas dudas que se tenían hasta entonces. Por ejemplo, el uso deliberado de los emblemas de la Cruz Roja, de una ONG ficticia y de los logos de la cadena venezolana Telesur. En cuanto a los primeros, la verborrea presidencial que en un principio negó el uso de los mismos, y que posteriormente justificó con falaces argumentos, quedó en un serio cuestionamiento, desconociendo las razones que posee un organismo como el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) frente a las situaciones de guerra, en particular, el conflicto bélico que se libra en Colombia, y donde la población civil se ha convertido en un actor omnipresente con su aporte diario al saldo de víctimas. El silencio cómplice del CICR, que se manifestó con una escueta carta al gobierno colombiano, demuestra que la política de la Seguridad Democrática es una ramal de algo aún más grande, que necesita potentes aliados en el exterior, entre ellos, organismos “neutrales” como la ONU, y el mismo CICR; no fue en vano la complacencia de este organismo para con el uso ilegal de tales símbolos en la operación de rescate, que, aunque muchos lo desdigan, era tan peligrosa como el ejercicio militar del mismo, ya que, según lo manifestaron recientemente los responsables de la acción, el lugar estaba cercado militarmente, llamado por otros como un “cerco humanitario.”

 

En los preparativos que mostró NatGeo se pueden comprobar varias políticas de espionaje e infiltración que corroboran la estrategia del enemigo interno, plan del imperio estadounidense para aniquilar todo viso de oposición que desestabilice el orden reinante, y que se aplica en esta punta del hemisferio a través de la Seguridad Democrática, el Plan Colombia, el TLC, entre otros. Importante verificar la capacidad del Estado de alterar al enemigo, interfiriendo las comunicaciones del secretariado con los mandos medios, e incluso haciéndose pasar por uno u otro. Esto es una política vetusta, por ejemplo, los seleccionados para participar de la operación tenían como condición que en algún momento debieron haber estado dentro de las filas guerrilleras. Y esto no sólo es aplicable al monte, se da con mayor certeza y seguridad en las zonas urbanas, en las universidades, con los constantes infiltrados en las marchas, con los informantes, etc., que colocan de manifiesto una política de exterminio a la población civil que se levante y piense. Como lo demuestran algunos sistemas, como el de Alertas Tempranas de la Defensoría del Pueblo, es reincidente catalogar a un nicho de la población como un presunto culpable, cuando se es seguido y monitoreado sin razón aparente, y así lo constatan denuncias del senador Gustavo Petro en contra del organismo paramilitar del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS).

 

Otra de las estrategias mejor seguidas por el lacayo gobierno de Álvaro Uribe Vélez, y en general del estado neoliberal, es la creación y consolidación de estigmas que encajonan a las personas. Por ejemplo, que dos de los supuestos guerrilleros de la operación, portaran camisas del Ché Guevara, de por sí, ya era un indicio claro e irrefutable de su condición insurgente; Ingrid no lo dudó: “cuando yo vi que tenían camisetas del Ché, sabía que eran de la guerrilla.” Asimismo, que tuvieran logos del canal Telesur y de Ecuavisión, era un sinónimo de seguridad, pues estos “son aliados de la guerrilla”; son creaciones mediáticas que sirven para catapultar ideas tan absurdas como que el que tira una papa bomba es un terrorista, el que está en contra el gobierno está a favor de la guerrilla, el que entra en paro no quiere el progreso del país, etc. Ingrid Betancourt lo sabe muy bien, por eso invitó a marchar este 28 de noviembre, sentenciado de paso a quien no la acompañe a pasar una navidad sin paz ni regocijo “en su corazón”, en una clara sentencia de polaridad que ahonda más al país, desconociendo de facto que entre el blanco y el negro subsiste la escala de grises…

 

Y esta idea sirve mucho para la razón de un elemento crucial del documento audiovisual, el cual es el video de las FARC del rescate. Según narra el documental, la cita de las FARC con agentes internacionales es muy importante, y por ello deciden grabar el arribo de uno de los dos helicópteros, así como la presencia de los secuestrados, sin saberlo, a su libertad. Supuestamente, el video lo tuvo en exclusiva Noticias Uno, pero en realidad quien lo emitió primero fue NatGeo dentro de Operación Jaque. Esto suscita varias dudas que se reabren: ¿cuál es la real procedencia de dicho video? ¿Cómo las FARC lo entregaron a una cadena internacional ligada con el imperio yanqui? ¿Por este video habrán pagado también los organismos estatales, así como algunas versiones indican que se pagó por los rehenes? ¿El silencio de Alfonso Cano legitima esas versiones, por qué no se han pronunciado sobre las mismas? Estas preguntas indican que se entreteje una relación simbiótica entre los dos principales agentes de guerra del país, donde el uno se muestra como un derrotado, frente a un potentado y enconado dictador que logra la paz para Colombia… La lucha insurgente dejó de ser hace años una opción para la sangre rebelde y revolucionaria de las clases populares, ahora en el epicentro del conflicto se encuentran toda una serie de colectivos y organizaciones que armados con ideas quieren humanizar el conflicto a través de su aniquilamiento, son ellos las potenciales víctimas del Estado y algunos, hasta de la guerrilla. Mostrar a aquel diferente como simpatizante de la guerrilla, como un guerrillero “vestido de civil”, es una estratagema que catapulta el trasfondo de un régimen dictatorial que adrede se niega a acabar con la guerra, no sólo porque es el mejor negocio, sino porque esta legitima sus barbaries y control social en la población.

 

La Operación Jaque, el ataque en Ecuador a Raúl Reyes, el infiltrado que asesinó a Iván Ríos, etc., no muestran que el fin de la guerrilla esté cerca, sino que se avecina un terror paramilitar que atacará todo aquello que se mueva y se movilice por sus derechos… y lo hemos visto, y nos hemos quedado callados: Los policías asesinando con fusil a los indígenas, los paramilitares quitándole las manos a los campesinos en Cesar, la represión y estigmatización a los focos de debate intelectual, el servicio militar obligatorio, la salud en manos de extranjeros, y las telecomunicaciones al servicio del gobierno, funcionando con las arcas de las transnacionales.

 

Así, la Operación Jaque ha generado aún más incertidumbre: Mientras el papel de la lucha insurgente ha quedado como un elemento más de tránsito que ahonda la problemática social que padece el pueblo colombiano, la guerrilla, en medio de su disputa obsoleta, se presta para legitimar la bala como un óptimo negocio que merece recibir más recursos que la propia educación. El Estado, por su parte, ha mantenido una política de control poblacional que materializa la creencia de que hay dos antagonistas en medio del conflicto, dos actores que, guardadas las circunstancias, se acercan más a la reciprocidad que a la diferencia, dados sus móviles de acción. Empero, la polarización, en ese orden de ideas, se convierte en una cortina de humo más que sirve para apretar con medidas más drásticas el pensamiento y desarrollo popular de la población.


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