Comunicación Alternativa // ISSN 2145-390X

¡QUÉ MIEDO DEL FASCISTA REZANDERO!

Por: Libardo García Gallego (Cogitando)

17 de Febrero de 2010

 

El colmo del cinismo: el Presidente Uribe en la defensa de los decretos expedidos bajo la ley de “emergencia social”, se atrevió a decir que él lo que busca es igualdad social, que los pobres tengan los mismos derechos de los ricos. Su desbordada desfachatez es igual a la de su reducción, el precandidato A. F. Arias, quien justificó las jugosas dádivas de Agro Ingreso Seguro (AIS) a los mayores  capitalistas agroindustriales cercanos al gobierno afirmando  que con esos regalos estatales se estaba ayudando a los pobres.


Menos mal que los desinformados e ingenuos empiezan  a descubrir la verdadera  catadura de este gobierno plutócrata, mentiroso, entregado al Imperio gringo, de doble moral, aupador y cómplice de genocidas, más corrupto que todos sus antecesores neoliberales juntos.

De los más de 20 años de neoliberalismo en Colombia, Uribe ha llevado la batuta durante la tercera parte. Hoy pocas empresas estatales faltan por feriar, pero con seguridad caerán a los bolsillos privados. Subastó el Estado en aplicación del postulado  de sus maestros: “la esfera del Estado debe ser limitada y su poder disperso”. Del desmantelamiento del Estado, la familia Uribe y sus amigos fueron los más beneficiados. Difícil saber en cuánto creció su capital en los sectores de la salud, del transporte, de la agroindustria, de las telecomunicaciones, entre otros. Con la privatización de las mejores empresas productivas y la mayor parte de los servicios estatales, muchas multinacionales y monopolios extranjeros y locales multiplicaron por más de 2 el valor de sus activos. Los grandes empresarios agrícolas le arrebataron las tierras a los pequeños y medianos campesinos.

Todos guardamos en la retina la imagen del “creyente y piadoso”  Presidente de rodillas, en actitud de yo no fui, ante el Milagroso de Buga, pero muy pocos saben que ese mismo fariseo fue uno de los autores de la masacre de El Aro y al lado de Mancuso, los Castaño y la plana mayor del paramilitarismo ayudó a planificar otros crímenes masivos, entre ellos  arrebatarles  las tierras a los pequeños y medianos campesinos, matándolos o amenazándolos de muerte para que abandonaran sus terruños.

Con la promesa de exterminar las guerrillas en sus primeros seis meses de gobierno, Urrifle Balas logró que los gringos le giraran una apreciable cantidad de dólares, parte de los cuales ha sido utilizada para tener embobados  a los más pobres, a los misérrimos y a muchos logreros, con limosnas indignas y transitorias que no solucionan los problemas estructurales de la sociedad. El empleo productivo y estable se acabó, el que sí aumentó fue el temporal e informal. Las conquistas laborales alcanzadas durante más de medio siglo de luchas fueron arrasadas por la reforma laboral y los avances en salud son sepultados, primero por la Ley 100 y ahora por la emergencia social. Para los padres de familia carentes de suficiente dinero la educación, la cultura, la salud, el empleo productivo, la pensión de sus hijos, .…. no pasarán de ser sueños irrealizables.

Otra parte de los dólares procedentes del Imperio fue destinada a relajar la moral, a pervertir la ética, con la asignación de atractivos estímulos a quienes entregan positivos (verdaderos o falsos), a los delatores, sapos, traidores, voltearepas, y para aumentar la única fuente de empleo que ha crecido durante este gobierno, el aparato represivo. Según la burguesía colombiana los hijos de los pobres sólo sirven para ser policías o soldados, para que les defiendan a sus amos su patria y sus riquezas.

Y esto sin hablar de la entrega de nuestra soberanía a los Estados Unidos, al cederles territorio para la instalación de bases militares desde donde entrometerse físicamente en nuestros propios problemas y agredir o invadir a los países hermanos. Gravísimo que Bárbaro Urrifle Balas haya permitido que nos pisoteen las botas gringas, pero se consumaría todo lo peor para Colombia si al Senado del Imperio le da por aprobar el Tratado de Libre Comercio.

Lo más doloroso es ver cómo el lumpen y los más pobres, no alcanzan a comprender el inmenso daño que les está y nos está causando ese supuesto mesías. Ese que habla de igualdad cuando lo que hace es abrir más la brecha entre ricos y pobres, aumentar el número de excluídos. Con el beneplácito y los votos de los pobres, los más golpeados por el gobierno de Uribe, aspira este gamonal a quedarse en la Presidencia otros cuatro años en espera de consolidar la “seguridad democrática” de su clase social, la pequeña élite, al mismo tiempo que aumenta la inseguridad social para el 90% de los compatriotas. Y la promesa inicial de eliminar las guerrillas no pasará de meras bravuconadas, pues la guerra interna en Colombia no terminará sino cuando instauremos un sistema económico, social y político en el cual pueda lograrse la  justicia social y, en consecuencia, la paz.


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