Comunicación Alternativa // ISSN 2145-390X

BASTA EL DIABLO NO EXISTE


Sobre la religión católica y la elección del nuevo papa.

Por: Gianni Lara, MZO.
Fecha de publicación: 17 de marzo de 2013.

Ustedes ya atentaron bastante contra la libertad y la razón. Ahora les decimos: ¡Basta! Basta de inquisiciones, basta de intrigas políticas, basta de sofismas, basta de verdades reveladas, basta de morales basadas en el terror de Satanás. Basta de comerciar con la vida eterna. Basta de aliarse con dictaduras militares y burguesas, basta de asistir al banquete de los industriales. Basta de viajar en cadillacs último modelo. Basta de catolicismo… Ustedes llevan dos mil años prometiendo el paraíso y la redención, la justicia y la paz ¿No es suficiente su fracaso milenario? permitan el acceso del conocimiento, del pensamiento científico, de la lógica histórica. Permitan que una política de la inmanencia restituya al hombre sus posibilidades de salvación y de solidaridad humana que ustedes le negaron… ¡y no apesten más!
Gonzalo Arango
Manifiesto al congreso de escribanos católicos. Medellín 1960


Foto: BASTA, EL DIABLO NO EXISTE
Sobre la religión católica y la elección del nuevo papa.
Ustedes ya atentaron bastante contra la libertad y la razón. Ahora les decimos ¡basta! basta de inquisiciones, basta de intrigas políticas, basta de sofismas, basta de verdades reveladas, basta de morales basadas en el terror de satanás. Basta de comerciar con la vida eterna. Basta de aliarse con dictaduras militares y burguesas, basta de asistir al banquete de los industriales. Basta de viajar en cadillacs último modelo. Basta de catolicismo…
Ustedes llevan dos mil años prometiendo el paraíso y la redención, la justicia y la paz ¿No es suficiente su fracaso milenario? permitan el acceso del conocimiento, del pensamiento científico, de la lógica histórica. Permitan que una política de la inmanencia restituya al hombre sus posibilidades de salvación y de solidaridad humana que ustedes le negaron… ¡y no apesten más!
GONZALO ARANGO, Manifiesto al congreso de escribanos católicos. Medellín 1960
El Homo Sapiens existe hace 160.000 años. Durante 140.000 años el hombre fue nómada. Andaba de un lado a otro y comía lo que la tierra le daba. Disfrutaba de su vida sin ir a un colegio que lo obligaba a ponerse un uniforme, no se condenaba a una empresa produciendo cosas para otros durante tantas horas semanales hasta los 65 años para recibir una pensión y ahí sí, después de eso, dedicarse a vivir, vivía y ya.
Hace 20.000 años el hombre se volvió sedentario gracias a la agricultura. Entonces comenzó a tomar posesión y a defender los terrenos en los que se apoyaba para sobrevivir, para alimentarse y vestirse. La capacidad humana de adaptación, aprender del lugar al que llegaban se perdió por una especialización del trabajo. “Éste es bueno para sembrar”, “Este otro es bueno para cosechar”, “Éste es bueno para pintar”, “Éste es bueno para cocinar” y “Éste para hacer vestidos”. Así sucesivamente la gente comenzó a dedicarse a realizar oficios particulares y a especializarse en ello. Entre mejor lo hiciera, mejor le iba. Apareció el guerrero líder que defendía su territorio con su vida y que conducía a la población a poseer nuevos territorios con la guerra. A su lado surgió la figura del observador (el cuentero). Él se pilló cosas que los demás no podían entender, los rayos, los volcanes, los maremotos y hasta esa sensación por alguien que ahora llamamos amor, y que se describe como mariposas en el estómago. Gracias a su observación, pudo predecir situaciones: los ciclos lunares, un eclipse, una luz, un cometa, su constante observación le hizo merecedor a un lugar particular dentro de la comunidad: el hombre que se podía comunicar con el más allá, quien podría comprender lo inexplicable, lo desconocido.
El guerrero y el observador se hicieron amigos, desde el principio. Juntos tenían el favor del pueblo. Uno defendía el territorio, otro anunciaba la relación con el cosmos. Los demás cultivaban y proveían lo necesario para subsistir.
El observador y el guerrero necesitaron poco a poco hacer que su función fuera más importante para quienes en verdad se dedicaban a conseguir el sustento básico para su gente. Inventaban guerras y enemigos; contaban historias que terminaron por convertirse en realidad y la gente, comenzó a depender de ellos. En Egipto, 3.400 años antes de Cristo. Un guerrero se hizo nombrar el líder de muchas comunidades que habitaban ese territorio: El rey Escorpión. Si bien, en principio no quería que le construyeran pirámides, sus hijos nacieron como herederos de un gran personaje y era necesario darles un lugar en la comunidad.
El observador, también era un intérprete, les daba ideas de cómo se podrían ver esos fenómenos que alteraban su vida cotidiana, una inundación, un cambio de clima. Entonces la gente comenzó a creer que esas visiones sobre el mundo eran más importantes que el hecho mismo de vivir. En un momento de esa historia apareció la idea de una vida después de ésta, una vida más trascendental. El observador se convirtió en el hombre que sabía identificar el camino, y en cada comunidad se le dio un nombre: el chamán, el cura, el santo, el elegido por los dioses.
Los imperios y la fe
Siglos después en Grecia repitieron el modelo de Egipto. Un guerrero líder que se convertía en rey (Alejandro Magno) y santos o gente elegida por los dioses que validaban su designio. El guerrero se convirtió en rey y el santo en el elegido por el más allá, ese algo del que no sabemos o que no nos interesa porque nos toca trabajar, los misterios. Algunos tenían la interpretación verdadera de ese misterio, otros simplemente trabajaban u obedecían.
Así fue Roma, dos siglos antes de Cristo. Necesitaban creer en algo y cogieron a los dioses griegos que venían de los egipcios y los hicieron suyos cambiándoles de nombre. Eso permitía que todos los que estaban trabajando para sobrevivir creyeran en algo y ayudaran a mantener el imperio.
Para ese entonces, los egipcios ya habían esclavizado a una cantidad de gente para construir pirámides para que el faraón (heredero de algún guerrero) pudiera viajar al cielo. Los griegos, grandes templos para que los dioses vinieran a vivir con ellos y los romanos, además de nuevos templos, escenarios deportivos como el coliseo donde justifican su superioridad sobre otros hombres con el espectáculo de la sangre.
Hacia el año cero de nuestra era dicen que apareció Jesucristo. El man planteaba una idea que era revolucionaria para su época: no se necesitaba ser faraón, o rey o santo, para aspirar a una vida eterna, en el más allá: “Bienaventurados los pobres porque de ellos será el reino de los cielos”. La gente, esclavos de un sistema en su mayoría, comenzaron a creer en la vuelta. Pablo, que era un judío que se había puesto al servicio de los romanos, se dio cuenta de ese parche. Dice la biblia que dios lo paró en la raya botándolo del caballo y lo incriminó por perseguir a esos pobres cristianos locos que “engañaban a la gente para que no creyera en las cosas materiales”. Pablo, que tenía el don de la escritura y además sabía griego y latín, difundió la idea cristiana, dicen que se convirtió. Buscaba algo en su vida. Fue tan creativo que escribió cartas que fundaron el pensamiento cristiano, pero fue más allá y le dio normas de comportamiento a la gente según su interpretación de la vida de Jesucristo y su experiencia personal.
El impacto de esas primeras comunidades cristianas estuvo en volver a la idea de vivir en comunidad, compartiendo todo lo que tenían, como cuando iban como nómadas por el mundo. Su impacto fue tan grande, que todos los pobres del imperio romano quisieron ser parte del movimiento cristiano y eran montones, como siempre.
Para el siglo cuarto, el imperio romano estaba debilitado por la corrupción, unos pocos disfrutaban lo que muchos otros producían. Un emperador romano llamado Constantino pensó otra vez que podría hacer de toda esa gente un territorio que lo siguiera. Se dio cuenta que la mayoría creían en esa idea de los pobres disfrutando en el reino de los cielos y para hacerlos parte de su parche sin necesidad de usar las armas propuso que ya no creerían más en los dioses griegos, ahora serían católicos, apostólicos y romanos.
Desde ese entonces, hubo cuatro evangelios, de cien, que contaban la verdadera historia de Cristo. Se nombró un papa y un gobierno centralizado que era quien tenía el mensaje verdadero de dios. El problema era que quien se oponía a los designios de los intérpretes de dios era asesinado. Porque “quien no está conmigo está contra mí”. Así fue con las cruzadas y con la inquisición. Esa idea de vivir libre de las posesiones materiales, como los pájaros, fue asumida como una doctrina por la iglesia católica. De ahora en adelante, puedes vivir como un pájaro, pero antes de eso tienes que confesarte como cristiano. Nosotros, el imperio, quienes estamos en el poder te damos el certificado, aunque para eso tengas que vivir como un esclavo.
Cuando se acabó el imperio romano, los pequeños reinos que quedaron trataron de mantener esa idea: unificar a la gente a partir de la religión, de una idea que convencía o forzaba a los hombres a obedecer a esos designios misteriosos e inexplicables. Esos reinos mantuvieron la idea de luchar por los menos favorecidos, los pobres, aunque los que difundían esa idea no eran tan pobres. Por leyes de los reyes (herederos de los guerreros), los santos (observadores) tenían la capacidad de seleccionar entre los que eran parte de esa idea y los que no. Por supuesto, quienes tenían el poder difundían la idea a pesar de no ser parte de ella. Mantener esa idea, era mantener sus comodidades. Durante la edad media, los dueños de la mayor parte de la tierra eran los pastores de la iglesia católica.
Aunque fuera incoherente defender a los pobres siendo ricos, quedándose con su vida, dándoles la forma de pensar y comportarse y negándoles el derecho a tener su propia tierra, obligaron a la gente a la obediencia. Aparecieron verdades incuestionables: existe dios, es nuestro, nosotros lo administramos, pero para que te lo demos con la vida eterna tienes que obedecer. Y si no entiendes por las buenas, entiendes por las malas. Para eso está nuestro rey, el que hemos coronado. Y su ejército o policía que lo defiende. Así que si cuestionas: llevas.
La religión importada
Funcionó así en la encomienda en América Latina. Cuando los europeos llegaron a América se hicieron dueños de esta tierra en nombre de dios, quienes habitaban este territorio fueron también parte de su posesión. Bajo la idea de ese ideal apostólico, católico y romano justificaron el exterminio de una cantidad de seres humanos que creían en otros dioses y que tenía derecho a vivir.
Los jerarcas de la iglesia católica han estado entonces al lado del poder, legitimándolo y validándolo. En las guerras mundiales apoyaron a asesinos como Hitler y Mussolini, en invasiones han dado su voto por los poderosos, se han quedado callados frente a masacres que ocurren a la vuelta de su esquina y han sido cómplices de múltiples dictaduras en América Latina.
Hoy en día son cuarenta y tres millones de católicos declarados en este territorio americano que antes creía en otros dioses. Obedecer terminó siendo más fácil que pensar por sí mismo. Es lógico, quienes no creían eran torturados. Ya la tortura no hace falta, el mismo hecho de tener una vida pensada por otros es un castigo, el pecado original que debemos asumir. Entre tanto, millones de niños mueren de hambre mientras los que aseguran defender a los pobres son inmensamente ricos y dueños de la tierra con la que podrían vivir dignamente esos pobres.
El nuevo papa es parte de esa misma tradición es otro más. Ya ni siquiera necesita ser observador, es resultado de esa herencia cultural que fue transmitida con sangre y fuego ¿Cómo cambiar esa idea? ¿Cómo vender todo lo que se tiene y entregárselo a los pobres? NO. Nuestra función es mantener nuestro beneficio, porque sin este no llegaremos a los pobres que son en últimas los que trabajan para nosotros.
¿Por qué un papa argentino?
Francisco es escogido como la nueva cara de esa vieja iglesia católica, apostólica y romana otra vez hablando por los pobres desde la riqueza. Benedicto se retiró, quizás porque vio que no aguantaba más esa idea. Condenan la homosexualidad pero hay miles de denuncias contra sacerdotes por violar a niños, incluso miembros del mismo cónclave han sido investigados. Invitan a la paz pero patrocinan con su banco la fabricación de armas Pietro Beretta. El IOR (Instituto para las Obras de Religión [comúnmente conocido como Banco del Vaticano]) también ha sido involucrado en el lavado de dineros de la mafia italiana.
Chávez se ha convertido en un mito en toda América Latina. Si bien en Colombia no se ve porque los medios privados que son de quienes controlan el país nos hablan siempre mal de ese proceso, Chávez ha demostrado que puede existir un gobierno decente que trabaje en pro de los menos favorecidos que son la mayoría. Pero también ha demostrado que para que exista esa dignificación de los oprimidos se deben redistribuir los recursos. No se les puede seguir dando el favor a los poderosos, las riquezas se deben redistribuir.
El vaticano muy preocupado por ese movimiento latinoamericano ha decidido volver su mirada a América Latina. No podían elegir a un cualquiera. Jorge Mario Bergoglio demostró desde hace tiempo su compromiso con el poder. Como arzobispo de Buenos Aires -un puesto "político de indudable peso en Argentina- mantuvo una relación cordial con la dictadura militar de Jorge Rafael Videla que gobernó su país entre 1976 y 1983.
Los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics lo acusaron de haber sido entregados por él a los militares. Ambos estuvieron secuestrados cinco meses a partir de mayo de 1976. Según el periodista Horacio Verbitsky: cinco testimonios de curas y teólogos confirmarían el rol del actual papa durante la dictadura militar argentina en la desaparición de sacerdotes y su apoyo a la represión dictatorial. Los testigos son un sacerdote y un ex sacerdote, una teóloga, un seglar de una fraternidad laica que denunció en el Vaticano lo que ocurría en la Argentina en 1976 y un laico que fue secuestrado y torturado junto con dos sacerdotes que no reaparecieron. Incluso el 8 de noviembre debió responder ante la Justicia por su presunta complicidad con la dictadura.
Bergoglio era entonces el candidato ideal para recuperar el rebaño perdido. No podían permitir que los latinoamericanos se les salieran de las manos. Esa idea de repartir las riquezas no se puede difundir, está en contra de las creencias católicas, apostólicas y romanas.
Mientras la madre tierra sigue girando y dándonos la vida sin pedir nada a cambio vamos a ver ¿Será más fuerte la realidad cotidiana de la revolución bolivariana que ha dado la esperanza de un mundo mejor repartido para todos al ideal de vida eterna que sume a sus creyentes en la esclavitud voluntaria para no cuestionar el poder de unos pocos? No sabemos. Quizás si cada uno comienza a responderse esa pregunta, algún día encontraremos la respuesta en nuestra propia vida.
Jorge Bergoglio, actual Papa, compartiendo durante la dictadura militar argentina, con el verdugo Rafael Videla.

El Homo Sapiens existe desde hace 160.000 años. Durante 140.000 años el hombre fue nómada. Andaba de un lado a otro y comía lo que la tierra le daba. Disfrutaba de su vida sin ir a un colegio que lo obligaba a ponerse un uniforme, no se condenaba a una empresa produciendo cosas para otros durante tantas horas semanales hasta los 65 años para recibir una pensión y ahí sí, después de eso, dedicarse a vivir, vivía y ya.

Hace 20.000 años el hombre se volvió sedentario gracias a la agricultura. Entonces comenzó a tomar posesión y a defender los terrenos en los que se apoyaba para sobrevivir, para alimentarse y vestirse. La capacidad humana de adaptación, aprender del lugar al que llegaban, se perdió por una especialización del trabajo. “Éste es bueno para sembrar”, “éste otro es bueno para cosechar”, “éste es bueno para pintar”, “éste es bueno para cocinar” y “éste para hacer vestidos”. Así sucesivamente, la gente comenzó a dedicarse a realizar oficios particulares y a especializarse en ello. Entre mejor lo hiciera, mejor le iba. Apareció el guerrero líder que defendía su territorio con su vida y que conducía a la población a poseer nuevos territorios con la guerra. A su lado surgió la figura del observador (el cuentero). Él se pilló cosas que los demás no podían entender, los rayos, los volcanes, los maremotos y hasta esa sensación por alguien que ahora llamamos amor, y que se describe como mariposas en el estómago. Gracias a su observación, pudo predecir situaciones: los ciclos lunares, un eclipse, una luz, un cometa, su constante observación le hizo merecedor a un lugar particular dentro de la comunidad: el hombre que se podía comunicar con el más allá, quien podría comprender lo inexplicable, lo desconocido.

El guerrero y el observador se hicieron amigos, desde el principio. Juntos tenían el favor del pueblo. Uno defendía el territorio, otro anunciaba la relación con el cosmos. Los demás cultivaban y proveían lo necesario para subsistir.

El observador y el guerrero necesitaron poco a poco hacer que su función fuera más importante para quienes en verdad se dedicaban a conseguir el sustento básico para su gente. Inventaban guerras y enemigos; contaban historias que terminaron por convertirse en realidad y la gente, comenzó a depender de ellos. En Egipto, 3.400 años antes de Cristo. Un guerrero se hizo nombrar el líder de muchas comunidades que habitaban ese territorio: El rey Escorpión. Si bien, en principio no quería que le construyeran pirámides, sus hijos nacieron como herederos de un gran personaje y era necesario darles un lugar en la comunidad.

El observador, también era un intérprete, les daba ideas de cómo se podrían ver esos fenómenos que alteraban su vida cotidiana, una inundación, un cambio de clima. Entonces la gente comenzó a creer que esas visiones sobre el mundo eran más importantes que el hecho mismo de vivir. En un momento de esa historia apareció la idea de una vida después de ésta, una vida más trascendental. El observador se convirtió en el hombre que sabía identificar el camino, y en cada comunidad se le dio un nombre: el chamán, el cura, el santo, el elegido por los dioses.

Los imperios y la fe.

Siglos después en Grecia repitieron el modelo de Egipto. Un guerrero líder que se convertía en rey (Alejandro Magno) y santos o gente elegida por los dioses que validaban su designio. El guerrero se convirtió en rey y el santo en el elegido por el más allá, ese algo del que no sabemos o que no nos interesa porque nos toca trabajar, los misterios. Algunos tenían la interpretación verdadera de ese misterio, otros simplemente trabajaban u obedecían.

Así fue Roma, dos siglos antes de Cristo. Necesitaban creer en algo y cogieron a los dioses griegos que venían de los egipcios y los hicieron suyos cambiándoles de nombre. Eso permitía que todos los que estaban trabajando para sobrevivir creyeran en algo y ayudaran a mantener el imperio.

Para ese entonces, los egipcios ya habían esclavizado a una cantidad de gente para construir pirámides para que el faraón (heredero de algún guerrero) pudiera viajar al cielo. Los griegos, grandes templos para que los dioses vinieran a vivir con ellos y los romanos, además de nuevos templos, escenarios deportivos como el coliseo donde justifican su superioridad sobre otros hombres con el espectáculo de la sangre.

Hacia el año cero de nuestra era dicen que apareció Jesucristo. El man planteaba una idea que era revolucionaria para su época: no se necesitaba ser faraón, o rey o santo, para aspirar a una vida eterna, en el más allá: “Bienaventurados los pobres porque de ellos será el reino de los cielos”. La gente, esclavos de un sistema en su mayoría, comenzaron a creer en la vuelta. Pablo, que era un judío que se había puesto al servicio de los romanos, se dio cuenta de ese parche. Dice la biblia que dios lo paró en la raya botándolo del caballo y lo incriminó por perseguir a esos pobres cristianos locos que “engañaban a la gente para que no creyera en las cosas materiales”. Pablo, que tenía el don de la escritura y además sabía griego y latín, difundió la idea cristiana, dicen que se convirtió. Buscaba algo en su vida. Fue tan creativo que escribió cartas que fundaron el pensamiento cristiano, pero fue más allá y le dio normas de comportamiento a la gente según su interpretación de la vida de Jesucristo y su experiencia personal.

El impacto de esas primeras comunidades cristianas estuvo en volver a la idea de vivir en comunidad, compartiendo todo lo que tenían, como cuando iban como nómadas por el mundo. Su impacto fue tan grande, que todos los pobres del imperio romano quisieron ser parte del movimiento cristiano y eran montones, como siempre.

Para el siglo cuarto, el imperio romano estaba debilitado por la corrupción, unos pocos disfrutaban lo que muchos otros producían. Un emperador romano llamado Constantino pensó otra vez que podría hacer de toda esa gente un territorio que lo siguiera. Se dio cuenta que la mayoría creían en esa idea de los pobres disfrutando en el reino de los cielos y para hacerlos parte de su parche sin necesidad de usar las armas propuso que ya no creerían más en los dioses griegos, ahora serían católicos, apostólicos y romanos.

Desde ese entonces, hubo cuatro evangelios, de cien, que contaban la verdadera historia de Cristo. Se nombró un Papa y un gobierno centralizado que era quien tenía el mensaje verdadero de dios. El problema era que quien se oponía a los designios de los intérpretes de dios era asesinado. Porque “quien no está conmigo está contra mí”. Así fue con las cruzadas y con la inquisición. Esa idea de vivir libre de las posesiones materiales, como los pájaros, fue asumida como una doctrina por la iglesia católica. De ahora en adelante, puedes vivir como un pájaro, pero antes de eso tienes que confesarte como cristiano. Nosotros, el imperio, quienes estamos en el poder, te damos el certificado, aunque para eso tengas que vivir como un esclavo.

Cuando se acabó el imperio romano, los pequeños reinos que quedaron trataron de mantener esa idea: unificar a la gente a partir de la religión, de una idea que convencía o forzaba a los hombres a obedecer a esos designios misteriosos e inexplicables. Esos reinos mantuvieron la idea de luchar por los menos favorecidos, los pobres, aunque los que difundían esa idea no eran tan pobres. Por leyes de los reyes (herederos de los guerreros), los santos (observadores) tenían la capacidad de seleccionar entre los que eran parte de esa idea y los que no. Por supuesto, quienes tenían el poder difundían la idea a pesar de no ser parte de ella. Mantener esa idea, era mantener sus comodidades. Durante la edad media, los dueños de la mayor parte de la tierra eran los pastores de la iglesia católica.

Aunque fuera incoherente defender a los pobres siendo ricos, quedándose con su vida, dándoles la forma de pensar y comportarse y negándoles el derecho a tener su propia tierra, obligaron a la gente a la obediencia. Aparecieron verdades incuestionables: existe dios, es nuestro, nosotros lo administramos, pero para que te lo demos con la vida eterna tienes que obedecer. Y si no entiendes por las buenas, entiendes por las malas. Para eso está nuestro rey, el que hemos coronado. Y su ejército o policía que lo defiende. Así que si cuestionas: llevas.

La religión importada.

Funcionó así en la encomienda en América Latina. Cuando los europeos llegaron a América se hicieron dueños de esta tierra en nombre de dios, quienes habitaban este territorio fueron también parte de su posesión. Bajo la idea de ese ideal apostólico, católico y romano justificaron el exterminio de una cantidad de seres humanos que creían en otros dioses y que tenía derecho a vivir.

Los jerarcas de la iglesia católica han estado entonces al lado del poder, legitimándolo y validándolo. En las guerras mundiales apoyaron a asesinos como Hitler y Mussolini; en invasiones han dado su voto por los poderosos; se han quedado callados frente a masacres que ocurren a la vuelta de su esquina y han sido cómplices de múltiples dictaduras en América Latina.

Hoy en día son cuarenta y tres millones de católicos declarados en este territorio americano que antes creía en otros dioses. Obedecer terminó siendo más fácil que pensar por sí mismo. Es lógico, quienes no creían eran torturados. Ya la tortura no hace falta, el mismo hecho de tener una vida pensada por otros es un castigo, el pecado original que debemos asumir. Entre tanto, millones de niños mueren de hambre mientras los que aseguran defender a los pobres son inmensamente ricos y dueños de la tierra con la que podrían vivir dignamente esos pobres.

El nuevo papa es parte de esa misma tradición, es otro más. Ya ni siquiera necesita ser observador, es resultado de esa herencia cultural que fue transmitida con sangre y fuego ¿Cómo cambiar esa idea? ¿Cómo vender todo lo que se tiene y entregárselo a los pobres? No. Nuestra función es mantener nuestro beneficio, porque sin este no llegaremos a los pobres que son en últimas los que trabajan para nosotros, parece decir.

¿Por qué un papa argentino?

Francisco es escogido como la nueva cara de esa vieja iglesia católica, apostólica y romana otra vez hablando por los pobres desde la riqueza. Benedicto se retiró, quizás porque vio que no aguantaba más esa idea. Condenan la homosexualidad pero hay miles de denuncias contra sacerdotes por violar a niños, incluso miembros del mismo cónclave han sido investigados. Invitan a la paz, pero patrocinan con su banco la fabricación de armas Pietro Beretta. El IOR (Instituto para las Obras de Religión [comúnmente conocido como Banco del Vaticano]) también ha sido involucrado en el lavado de dineros de la mafia italiana.

Chávez se ha convertido en un mito en toda América Latina. Si bien en Colombia no se ve porque los medios privados, que son de quienes controlan el país, nos hablan siempre mal de ese proceso; Chávez ha demostrado que puede existir un gobierno decente que trabaje en pro de los menos favorecidos que son la mayoría. Pero también ha demostrado que para que exista esa dignificación de los oprimidos se deben redistribuir los recursos. No se les puede seguir dando el favor a los poderosos, las riquezas se deben redistribuir.

El Vaticano, muy preocupado por ese movimiento latinoamericano, ha decidido volver su mirada a América Latina. No podían elegir a un cualquiera. Jorge Mario Bergoglio demostró desde hace tiempo su compromiso con el poder. Como arzobispo de Buenos Aires - un puesto político de indudable peso en Argentina - mantuvo una relación cordial con la dictadura militar de Jorge Rafael Videla que gobernó su país entre 1976 y 1983.

Los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics lo acusaron de haber sido entregados por él a los militares. Ambos estuvieron secuestrados cinco meses a partir de mayo de 1976. Según el periodista Horacio Verbitsky: cinco testimonios de curas y teólogos confirmarían el rol del actual Papa durante la dictadura militar argentina en la desaparición de sacerdotes y su apoyo a la represión dictatorial. Los testigos son un sacerdote y un ex sacerdote, una teóloga, un seglar de una fraternidad laica que denunció en el Vaticano lo que ocurría en la Argentina en 1976 y un laico que fue secuestrado y torturado junto con dos sacerdotes que no reaparecieron. Incluso el 8 de noviembre debió responder ante la Justicia por su presunta complicidad con la dictadura.

Bergoglio era entonces el candidato ideal para recuperar el rebaño perdido. No podían permitir que los latinoamericanos se les salieran de las manos. Esa idea de repartir las riquezas no se puede difundir, está en contra de las creencias católicas, apostólicas y romanas.

Mientras la madre tierra sigue girando y dándonos la vida sin pedir nada a cambio vamos a ver: ¿Será más fuerte la realidad cotidiana de la revolución bolivariana que ha dado la esperanza de un mundo mejor repartido para todos al ideal de vida eterna que sume a sus creyentes en la esclavitud voluntaria para no cuestionar el poder de unos pocos? No sabemos. Quizás si cada uno comienza a responderse esa pregunta, algún día encontraremos la respuesta en nuestra propia vida.
 

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