Comunicación Alternativa // ISSN 2145-390X

ALREDEDOR DE LA RETENCIÓN A WASERMAN, RECTOR DE LA UN.

Por: Sergio Vargas. Opinión.

Fecha publicación: sábado 17 de octubre de 2009

 

Esta semana, Moisés Wasserman, rector de la Universidad Nacional, encabezó la lista de funcionarios que declaró ante el Ministerio de Educación y el país, que las universidades estaban en quiebra. Esa declaración originó una fuerte agitación y movilización del estudiantado, durante los días miércoles 14 y jueves 15, justo en el marco del Paro Nacional Universitario. El miércoles no solamente la UN, sino el Sena, la Pedagógica, los sindicatos y profesores se movilizaron en masa por las vías principales de la ciudad y el país. El jueves, estudiantes del Sena y la UN se tomaron las calles, mientras en la Universidad Distrital se boicotearon las elecciones internas que pretendían definir representantes de estudiantes y egresados ante los órganos colegiados. Lo que sucedió el día viernes 16 es ampliamente conocido por la comunidad; pues ante la inasistencia e ineptitud de Wasserman por resolver las problemáticas internas, la comunidad universitaria, en un acto de dignidad y desagravio, decidió encarar al burgomaestre, y reclamarle acción, propuestas y soluciones.

 

El hecho de que el rector entablara diálogos a espaldas de la comunidad, originó el malestar de la población. Wasserman fue detenido en su vehículo blindado y con vidrios polarizados por una buena cantidad de estudiantes, maestros y trabajadores. Sus declaraciones iniciales, cuando aún permanecía en el vehículo, fueron extremadamente sosegadas y contrastan con las versiones que posteriormente difundieron los medios arrodillados de desinformación, cuando éste dijo haber estado amenazado con “un cuchillo en el cuello”, lo que según él, impedía entablar una conversación normal de cara a la comunidad. RCN Radio tuvo una conversación directa con el rector, donde aseguró estar en buenas condiciones, y afirmó – frente a la insistencia del periodista en “picarle la lengua” – que su vida no estaba en riesgo, que ningún joven estaba armado o encapuchado, y que esperaba encontrar una salida pacífica al percance. Versiones totalmente distintas las que Wasserman dio a la prensa fascista antes y después de la retención legítima a su vehículo.

 

En la noche se le vio sonriente junto a la figura omnipotente de Álvaro Uribe Vélez, presidente de Colombia, quien aseguró que este hecho era  constituyente de un delito de suma gravedad: secuestro. Fue otro el semblante de Wasserman al estar rodeado de micrófonos, guardaespaldas y policías que antes ingresaron a la universidad sin el permiso de la primera autoridad civil del Distrito Capital, la Alcaldía de Bogotá, en cabeza de Samuel Moreno y Clara Rojas, secretaria de gobierno. Cuando el Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD), ingresó ilegalmente al campus, no retuvo a más de cinco personas dentro, pero a la salida capturó a punta de balas de goma y gases lacrimógenos, los jóvenes restantes que integran la lista de 22 capturados y que hoy comparecerán, ante jueces comprados, por delitos de rebelión y secuestro. Muchos de esos jóvenes ni siquiera estuvieron en la retención a Wasserman, y es más, algunos no son estudiantes de la Nacional. Es la típica detención que efectúan los organismos de ataque y seguridad letal, después de todo acto de emancipación popular: recoger gente sin pruebas y acusarlos sin fundamentos; aunque ahora está el agravante de que van a ser acusados por un delito que no goza de beneficios legales.

 

Wasserman, por su lado, evadió los requerimientos que le exigía la comunidad como lo hace un delincuente prófugo. Supuestamente existió un acuerdo para que los estudiantes lo dejaran salir, pero versiones conocidas por este medio, apuntan a señalar que el rector salió a la fuerza en su vehículo, y acompañado por escoltas de la seguridad privada del campus, montados en motocicletas. Afortunadamente su vehiculo blindado no afectó la integridad de los presentes, cuando éste decidió poner el pie en el acelerador.

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La situación sucedida el día de ayer en la Universidad Nacional, obliga a plantear las siguientes consideraciones, exigencias y propuestas:

1.     Es una frase trillada, pero se mantiene de moda. Lennin dijo que cuando los estudiantes tienen el poder están destinados a perderlo en vacaciones (o lo que es lo mismo, cuando se “duermen en los laureles”). Desde el propio instante en que Wasserman fue retenido, el mundo puso sus ojos sobre la Universidad Nacional. En los principales medios del país, la noticia fue el primer titular. El hecho de permitir, sin mayores sobresaltos, la salida del rector sin cumplirse las exigencias de la comunidad universitaria (que lo requería en Asamblea universitaria en el León de Greiff), demuestra un sumo grado de desconocimiento histórico en el manejo de estas situaciones por parte de los estudiantes; y una cachetada brutal de irrespeto y cero interés de la administración de turno, en el manejo de los problemas internos, desde lo endógeno, es decir, sin que intermedien las fuerzas de afuera, como la Policía y el Ejecutivo. Hasta una cruda burla fue lo que hizo Wasserman a los estudiantes, que aprovechando el interés de estos, y el pacifismo burdo de los mismos, los acusó hasta de ser secuestradores, y portadores de armas, como el cuchillo que dijo le pusieron en el cuello para obligarlo a abandonar el carro.

2.     El pacifismo burdo, a propósito, es una especie de círculo meticuloso que se ha venido apoderando de las esferas de acción y decisión política de la comunidad en general. Consiste en rechazar, básicamente, todo tipo de violencia y acciones de hecho que rayen en lo vandálico (como pintar paredes, romper objetos, o gritar improperios), venga de donde venga, y sea la razón que sea; en pocas palabras, actuar bajo lógicas de sumisión que maquillen la rabia del pueblo contra sus verdugos. El pacifismo burdo ha acarreado, por ejemplo, que quienes se atrevan a rayar algunos vehículos (como sucedió en la movilización del miércoles 14) sean estigmatizados y señalados por sus propios compañeros. Incluso, que se realicen actividades de protesta tipo espectáculo, o shows circenses, que más que acusar o criticar, entretienen al público asistente. El pacifismo burdo no es una lógica de acción en tiempos de crisis tan agudos como los actuales; y esto no significa que se haga un llamado a la violencia cuerpo a cuerpo, o en desventajas claramente identificadas (como la de un policía armado versus un estudiante con piedra en mano), sino a replantear y agotar todas las vías, aun estas signifiquen tomar prácticas concretas de este tipo, sin ocultarlas o reprimirlas.

3.     El secuestro es la retención ilegal y a la fuerza de cualquier ciudadano. Aunque muchas leyes los protegen, las fuerzas armadas deben responder por sus acciones terroristas que coartan libertades, derechos e incluso cobran la vida de inocentes. Por ello, consideramos que el hecho de haber retenido a varios jóvenes sin que se les haya capturado en flagrancia, y en circunstancias extremadamente extrañas, es una causal de retención ilegal, o secuestro de inocentes por parte de las fuerzas del Estado colombiano. En consecuencia, es imperioso exigir la inmediata libertad de los compañeros acusados de un delito infundado. Sumamos nuestra voz de protesta y hacemos un llamado a velar por la integridad, garantías y derechos de estos ciudadanos colombianos retenidos en las mazmorras del fascismo, como bien definió William Javier Díaz – preso político desde hace un año – los sitios de reclusión del país.

 

PD: Si lo de ayer fue un secuestro, este artículo, claramente, es una “instigación al terrorismo, compatriotas.”


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