Comunicación Alternativa // ISSN 2145-390X

PRIMERA PERIODISTA EN GANAR EL NOBEL

¿Primera periodista en ganar el Nobel?

Por: Carlos Humberto Marín, El Macarenazoo.

Fecha de publicación: 21 de abril de 2016.

¿Cómo es posible?... ¿Cómo se puede matar con el amor? ¡Con un amor como este! ¿Por qué están tan juntos? El amor y la muerte... Tan juntos... ¿Quién me lo podrá explicar?
Svletana Alexievich (En: Voces de Chernobill)



Svetlana Alexiévich, ganadora del Premio Nobel de Literatura 2015. Foto: Prensa FILBO 2016.

El Macarenazoo estuvo presente en la rueda de prensa que ofreció la bielorrusa recién galardonada con el premio Nobel de literatura 2015, Svletana Alexievich, en el marco de la Feria del Libro de Bogotá. El evento congregó medios oficiales de la talla de Caracol, RCN, City Tv, CM&, CNN, pero no escatimó en invitar a medios alternativos y populares. El hilo conductor de las preguntas no se alejó del mismo tema: la guerra, en Afganistán, en Israel, en Rusia, en Colombia, en el mundo, o mejor la guerra que ordena las fronteras. Las víctimas, los verdugos, las causas, pero sobre todo las consecuencias. Esa guerra que “no tiene rostro femenino”, como ya lo advertían Virginia Wolf, Susan Sontag e incluso Oscar Wilde, Reinaldo Arenas y Witold Grombowics.

“En Afganistán, en muchos sitios que he investigado”- manifestó - “a los hombres les gusta la guerra. A excepción de Israel, donde vi muchachitas del tamaño de sus fusiles, son las mujeres quienes muestran la crueldad de la guerra. La presentan al descubierto. Qué espantoso es matar. Qué espantoso es morir. Supe de la conversación de un muchacho contratado en Chechenia. La mamá le decía que era ella quien en realidad iba a pelear, era ella quien cargaba el fusil”.

Pero no es un feminismo soslayado. La maldad no tiene rostro femenino, pero las mujeres también la encarnan. Recordó al respecto una de tantas entrevistas en que un hombre recordaba haberse enamorado de su tía Olga, quien delató a su hermano en tiempos de Stalin. “El mal”, apuntó, “no solamente es Stalin sino también la bella tía Olga”.

En uno de sus libros (de los pocos traducidos al español), Voces de Chernobill, recoge el testimonio de un psicólogo: "También recuerdo cómo siendo niños las mujeres nos llevaban consigo a los baños. Y a todas las mujeres, también a mi madre, se les caía la matriz (eso ya lo comprendíamos); se la sujetaban con trapos. Esto lo he visto yo. La matriz se salía debido al trabajo duro. No había hombres, los habían matado a todos en el frente, en la guerrilla; tampoco había caballos, las mujeres tiraban de los arados con sus propias fuerzas. Labraban sus huertos y los campos del koljós."

El estilo directo, cargado de datos, de información fidedigna, de fuentes comprobables, propio del periodismo, es lo que constituye la fuerza de su obra. No quisiera entrar en discusiones sobre la diferencia entre verdad y verosimilitud, aunque como anota Piedad Bonnet, es posible que un periodista gane el Nobel de literatura, pero no que un literato gane un premio de periodismo, tal como le sucedió a “Janeth Cooke [quien] ganó el Pulitzer por un reportaje donde todo era inventado. La despidieron de su trabajo y tuvo que devolver el premio”. El oficio periodístico, la no ficción, es algo que está en furor hace bastante en el mundo literario, incluso en el arte como transparencia, más allá del simbolismo. Me conformo con pensar en la obra de Gay Tallese, en el género gonzo de Hunter Thompson, en las apuestas descarnadas de Alberto Fuguet. Cuando una periodista le preguntó directamente “¿Qué se siente ser la primera periodista en ganar el premio Nobel?”, Alexievich sólo manifestó que admiraba profundamente a García Márquez (de quien parece que olvidamos su trabajo en El Heraldo, en El Universal, en El Espectador).

Aunque a muchos no deja de sorprenderles. Lo que diferencia a Alexievich, si se me permite, es su falta de frivolidad, algo que plaga la prensa, la televisión y la vida. Es el espíritu literario en el ejercicio periodístico. Las notas de prensa y de revistas que constituyen su obra tienen ese hálito universal que me recuerda a Dostoievsky, a Kafka y un tanto a Rulfo, quien pasó la mayor parte de su vida recogiendo testimonios de víctimas. A nosotros, periodistas en medio del fuego cruzado, en medio de amenazas, señalamientos, desapariciones, no deja de animarnos su obra a continuar escribiendo. Es, por decirlo así, nuestra arma más potente en la guerra contra la guerra, algo que no admite sexismos ni tendencias, ya sea en el frente literario o en el periodismo directo. La investigación, el análisis implacable, la crítica insobornable. Eso es quizá lo más importante. Y cierro con una última frase de Alexievich, al referirse a las dinámicas del Gulag soviético: “el campamento de concentración es igual de nocivo tanto para la víctima como para el verdugo”.


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