Comunicación Alternativa // ISSN 2145-390X

"¡ABAJO LOS PITOS DE MIL!"

Por: Sergio Vargas.

 

Tunja fue el lugar de partida de casi mil personas para movilizarse hasta la ciudad de Bogotá, en torno a la exigencia de la comunidad universitaria de la UPTC de tener más presupuesto nacional para su educación. A la capital boyacense llegaron delegaciones de Sogamoso y Duitama, para emprender, hacia el miércoles de la semana pasada, su caminata hasta la capital del país, buscando ser escuchados en sus exigencias. La Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC) arribó el lunes en la noche a la Universidad Distrital, Sede Macarena A, para pernoctar, y realizar la movilización de ayer martes hasta la plaza de Bolívar. El presente artículo de opinión abordará una serie de elementos, que aunque parezcan minúsculos, evidencian sendos problemas al interior de la organización universitaria, abordando como referencia directa lo acontecido el último par de días.

 

Con una iniciativa que vale la pena loar y valorar, la comunidad upetecina se tomó la carretera que comunica Tunja con Boyacá, aunque la difusión de la movilización fue escasa en los medios masivos de desinformación y casi nula en los alternativos y/o comunitarios. Quiero analizar por qué siendo el lunes cerca de las 3 p.m., la mayoría de la comunidad universitaria de la UD desconocía lo que sucedería esa noche. En los niveles de organización básicos en los que la mayoría de comunidades tratan de velar o pelear por sus derechos, modos que han sido dictados por el sistema que oprime al mundo entero, hay rangos que por su nivel diáfano no involucran las reales bases del problema dejando varios cabos sueltos y vacíos trascendentales para la elaboración de políticas claras que involucren a todos. La organización de los recientes marchantes dista bastante del nivel claro y ejemplarizante de una comunidad que siempre se mantendrá, los indígenas, que en las pasadas semanas han demostrado un coraje, un valor, un tesón, que aguanta incluso el terrorismo estatal y las balas asesinas del estado de frente. Los indígenas son comunales, y por ello su vida es de lucha, mientras que un nicho llamado de los estudiantes universitarios, tenderá a perderse de forma individual con la graduación de cada uno de esos alumnos; el promedio en que alguna persona se llama estudiante, es de entre cinco y seis años, y al salir se convierte en un ciudadano más. El o la indígena pelea en La María, y después va a seguir siendo nativo… allí se queda, a diferencia del joven promedio que cursa su pregrado en cualquier universidad del país, pocos son los egresados que aún departen un tinto dentro del campus. Pero el problema no es que deje su condición de estudiante, la raíz es más honda aún, y se sustenta de unas políticas que se dictan al interior de cuatro paredes que no permiten visionar el conocimiento popular como una herramienta de cambio social de las condiciones innaturales de la población. Por eso sólo se pelea por presupuesto para x o y universidad, por eso se marcha sólo en una situación de coyuntura propiciada por la manipulación de unos videos, y sólo lloramos nuestros estudiantes muertos, y poco los jóvenes de nuestros barrios: Soacha, Ciudad Bolívar, etc.

 

La consigna fue: “¡Nos devolvemos cuando nos den presupuesto!”, el mismo molde copiado de una maqueta local que gritaba: “¡Más presupuesto para la UD!” Fue el primer semestre de 2007, el movimiento universitario revivía y la lucha en conjunto con los estudiantes, profesores y funcionarios, parecía emerger, con el rechazo a la imposición del Plan Nacional de Desarrollo y de la nueva Ley de transferencias. La Universidad Distrital no fue ajena a aquel movimiento de oposición, y dentro de su problema local, uno de sus objetivos fue luchar por una mejora presupuestal, desconociendo las verdaderas bases capitalistas que sostienen el esquema de dominación desde lo económico. Esas grandes y masivas movilizaciones se suspendieron cuando el objetivo trazado se cumplió: Cambio Radical, uno de los partidos más peligrosos del país, con una bancada importante en el Concejo de Bogotá, otorgó, supongo, con cierta risa sarcástica, una nueva partida presupuestal para la UD, y de paso, se sacaron el meollo que representaban centenares de estudianticos gritando afuera de su recinto de sesiones. ¿Qué vino después para la UD? Se le olvidó marchar, relegó su papel de control político y social, y se encaminó, en ese entonces, para la elección de rector y representantes estudiantiles… Ahora, con la UPTC, ocurre algo similar: Como estamos en un país desmemoriado, que realiza todas sus acciones sin referentes históricos y políticos, no es de sorprender que el gobierno nacional, en cabeza de algún lacayo, otorgue lo que los marchantes piden y, solapadamente, estos se devuelvan contentos por haber logrado algo que el próximo semestre olvidarán.

 

Durante la movilización de ayer, distintas facciones gritaron arengas contra el ilegitimo presidente Álvaro Uribe, y lo que su plan de gobierno representa: El fascismo, la macartización y el terrorismo de Estado implantados en un orden dictatorial que, entre sus muchas ramas, tiene la financiación a las universidades públicas como una norma que desean eliminar, convirtiendo así el derecho a la educación como una responsabilidad de la empresa privada y ojala extranjera. Pero es sólo una rama: Está la salud, el amplio margen de recursos destinados a la guerra, los servicios públicos, el ejército privado, etc. Entonces, es justo denunciar ese tronco que sostiene esas políticas antipopulares. A la voz de “¡Uribe, fascista usted es el terrorista!”, varios miembros de la comunidad upetecina, en un claro desconocimiento político y cumpliendo una labor policial desde adentro, sabotearon las consignas con chiflidos, pitos, o simplemente gritando otra cosa… ¿Cuál era la razón para que ocurriera semejante acto grotesco? “Decir eso, implica que se desvirtúe el sentido de la movilización”, contestó una estudiante tunjana. El sentido que sólo se veía reflejado en pedir más presupuesto, pero no ver por qué no les dan plata, por qué hay policías infiltrados en las universidades, por qué hay un terrorismo mediático contra los centros de debate, por qué seguir pidiendo migajas en medio de tanta riqueza. El déficit presupuestal de la universidad boyacense no es un problema exclusivo de ellos, es acaso sólo una ramita que nos muestran, una arandela surcada que pertenece a una cerca de púas entera. Y la comunidad se cree que ello lo es todo, y por eso se pelea por el paliativo, y de paso, calla y divide a quienes quieren ver las bases estructurales caídas.

 

¿Cómo estarían hoy los indígenas, si, casi burlándose de ellos, Uribe les hubiera dado las tierras que solicitan? Las hubiera entregado, las habría comprado, para ver a la comunidad como una vil pordiosera. Pero esta comunidad, que quizá, en esta parte, es la que más ha resistido, 516 años desde la invasión española, sabe que la dignidad no se rebaja, que el nombre mancillado de los indígenas no podía ser comprado por unos predios, que en últimas, también son un elemento más en las discusiones y reclamaciones del pueblo. Han proseguido su movilización, porque desde que son considerados como terroristas, saben que sus vidas corren peligro, que su cultura y su legado han quedado subvalorados. Mientras acá, ayer, hubo otro grupo que gritaba, muy orondo, “¡Abajo los pitos de mil!”, cuando el vendedor ambulante que se acercaba con los silbatos los ofrecía a los marchantes. ¿Será que mañana dirán “Viva la guerra de almohadas”? ¿O acaso “Colombia, soy yo”? ¿Por qué no acompañar a quienes gritaban contra Uribe? Al unísono, una sola voz, una sola letra que reclamara las pretensiones populares, se sintió con la muerte de Gaitán, en una marcha gigantesca que colmó las mismas calles de ayer, pero que estaba tan coordinada que su voz era una tormenta simultanea. Si esto surgiera de nuevo, se habrá dado un paso al frente, pero en realidad quien parece caminar hacia atrás no es el gobierno sino la comunidad que aletargada y maniatada con modelos impostados se divierte y se da el gusto de callar a sus coterráneos.

 

El lunes en la noche, cuando se alistaban para instalarse los estudiantes de la UPTC, un compañero, presuroso, tomó el micrófono y solicitó a los celadores dejar entrar a los “periodistas” de CityTv. De inmediato se sintió un murmullo, en conjunto con una serie de protestas; algunos propusieron que se atendieran afuera; que sí, que los dejaran entrar; que se acoplara una sala de prensa al interior de la UD; no, que “sólo CM&”; entre otras. Pese a su nivel organizativo eficiente, aunque muy básico y jalado más con ganas que con conciencia, los líderes de la UPTC no conformaron una mesa dedicada a la comunicación, dejando ese estado en los tradicionalistas y monopólicos medios de desinformación. Solicitar que se dejen entrar a unas personas, representantes de un gremio que claramente está en contra del librepensamiento, denotan problemas de base hondos. Por ejemplo, otras alternativas más fiables se barajaron, entre ellas, la propia realización de un video que diera cuenta de la situación al interior de la sede, y si era del caso, permitir su difusión a los tradicionales patrocinadores mediáticos. Esto es, realizar la contra información, y la comunicación desde la base de la organización: Ellos no pueden tener la fuente de primera mano, simplemente porque manipulan a su antojo las imágenes que captan, y tergiversan fácilmente la información; así sucedió cuando Piedad Córdoba habló en la Univalle, invitando a los jóvenes a rebelarse, a insurreccionarse, y que Caracol muy sagazmente publicó de una manera totalmente descontextualizada dando pie a la sindicación paraestatal contra la senadora colombiana. Además, este tipo de situaciones, así como los videos que editó y pegó Gina Parody, crean distracciones que no permiten ver el panorama entero, y nos dicen, por el contrario, qué debemos hacer: “¡Sí, la universidad está siendo atacada, marchemos por eso!”, o en la población entera, “¡Ingrid nos invitó a marchar, vamos, porque yo soy colombiano y estoy con la paz!”, “¡Nos toca matar a los violadores, toca firmar, porque mataron a Andrés Santiago!” Ahora, hasta nuestros opresores son héroes, Uribe, Ingrid, algunos representantes estudiantiles, entre otros, gracias al bombardeo comunicacional diario.

 

El periodismo alternativo ha sido incluso vilipendiado más que los tradicionales moralistas retrógrados que informan parcializadamente. Ayer, al querer tomar unas fotos, una estudiante de sociales de la UD, impidió captar imágenes de un graffitero en acción, pero al ver cámaras de Caracol, e incluso policías uniformados tomando fotos de frente, su silencio cómplice delata formas de actuar que, o legitima las acciones de persecución dejando el papel de los medios en los entes externos (aunque sean policías), o bien, la paranoia o persecución propia del estado atemorizante de cosas la han obligado a callar y difamar de sus compañeros de clase. Ahora, está de moda el pacifismo burdo que obliga a las personas a mantener silencio, y permitir que los policías tomen fotos de los marchantes, que los infiltrados y policías de civil marchan al lado nuestro, que evitemos gritar contra el régimen por ser poderoso, pero sí contra los pitos de mil porque están muy caros… Ese pacifismo que no da seguridad de la contundencia de la movilización, de su fuerza; hechos de rabia e indignación popular donde se han recurrido a las acciones de hecho, han sentado precedentes históricos: El 9 de abril de 1948, la movilización parisina del sesenta, o, más recientemente, la llegada de Bush a Bogotá hace dos años. Esas acciones que llaman “vandálicas”, como destruir un banco que le quita las casas a los más pobres, agredir a los policías que cometen falsos positivos, están siendo impedidas por las mismas organizaciones. ¡Ojo! No toca incentivarlas, pero tampoco reprenderlas desde adentro.

 

Ayer, en la tarima de la Plaza de Bolívar, un estudiante subió queriendo decir que los presentes demuestran un futuro más promisorio, que los estudiantes aguantarán hasta lograr sus objetivos, que “no somos los mismos estudiantes a los que reprendió el gobierno de Turbay”, y sí, no hay nada más cierto. Aquellos estudiantes sabían que sus causas eran populares, que querían mejorar sus condiciones de educación, pero a partir de un cambio en el modelo de gobierno, en el poder comunitario; ellos eran apoyados por las barriadas, y todos eran estudiantes, así como era su condición de ser ciudadanos. Ahora, esa división cruza un puente extremadamente largo entre lo que piden universitarios, desplazados, corteros, etc., obviando una razón más profunda del ser de este sistema imperialista omnipresente.

 

Se aplaude la decisión de marchar desde Tunja; a la comunidad universitaria distritalina, por ejemplo, le da pereza salir a la plaza de Bolívar, y es casi surreal pensar en ir a la casa que los invitados temporales ofrecieron allí en Boyacá. Pero es necesario que, a la de vuelta, piensen muy bien cuáles son las proyecciones a seguir, es decir, ¿si ustedes pelean contra un estado genocida que envía más dinero a la sangre del cañón, no creen que parte de esos recursos que hoy están matando hasta campesinos e indígenas, podrían ser utilizados en las mejoras presupuestales que ustedes tanto añoran? ¿No creen que el vendedor de pitos merezca una educación de calidad que le permita ver que su trabajo vale más que eso, mientras unos simples estudianticos desempleados, le  gritan que debe rebajar su digna condición de vida?

 

PD: También son preocupantes varias situaciones, que suelen pasar inadvertidas. Por ejemplo, que a la Distrital sólo hayan llegado el lunes estudiantes, y no profesores y trabajadores que marcharon separadamente al día siguiente. Un compañero de la UPTC gritó que ellos liderarían la marcha, y los restantes detrás de ellos. Esto puede ser obvio, porque es una pretensión exclusiva, ¿pero acaso no todos somos estudiantes, pueblo unido? Es decir, se aplica la consigna de “Juntos, pero no revueltos”, en algo que debería ser construido por todos, en contravía de lo que sí sabe la derecha de este país, ellos han demostrado que aprenden día a día, y por eso proponen que unidos es como debemos estar, “como debe ser.”

 


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