Comunicación Alternativa // ISSN 2145-390X

OSCURO COMO LA BOCA DEL LOBO

Sueña continuamente las señales del Hades calcinando la casita pobre sobre el río de Suburbia. Su mano se derritió como pollo frito. El humo se lo tragó por completo. Las lágrimas de mamá intentaban apagar el rancho; el fuego rectaba sobre la antena espina de pescado mientras su hermano dormía como un ángel en medio del fuego.

Bobby esconde la horrible quemadura tras un deformado tatuaje. Las chicas le preguntan: Hey Bobby ¿qué fue lo que te pasó en esa mano?. Y este responde: No, nada. Desafíé a un dragón y me derritió la mano. Ríe. Se ha convertido en un Pacman- paranoíco de 76 kilos de manteca, necesita la autoafirmación, un empleo.

Suburbia es un perro herido que no se deja tocar para curarle. El humo de su cigarrillo lo transporta a esa noche de navidad. Bobby ve el demonio de fuego comiéndose la cartera de la madre, duerme junto a su hermano. Por miedo a la oscuridad han encendido libélulas de cera, quienes antes de morir se tragan las paredes de cartón.

El hijo de dios está petrificado en su cruz de madera, es otro carbón en la vida suburbial. La crayola en su pantalón le derretía la piel y antes de perder la cabeza dibuja un cuadro junto a sus zapatos de colegio, como si existiera una puerta de atrás en la desesperación. Su mano se derritió, sus pantalones también. Apretó los ojos y al abrirlos estaba en una pantalla de video-game azul, en medio de galletas que olían a metano. Se descubrió siendo una gran cabeza amarilla con boca de cocodrilo escapando de las galletas contaminadas. Estaba en el mundo de pacman- paranoíco, corrió por un laberinto de luces incandescentes color verde fucsia, su hermano estaba allá, en el espacio, con una bonita galleta de 600 puntos electrónicos. Escapa de una gran bola de fuego que destruye el laberinto con su grito de bestia herida rururururururururu ruruuuruuuuu ruuuu. Corrió y más corrió, cuando despertó su madre lloraba sobre la mano derretida; por el susto ella no los envió a la escuela durante una semana. Lo bueno de no ir al colegio fue el aterrizaje de un helicóptero de la Cruz Roja que les regaló varias latas de leche condensada.

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