Comunicación Alternativa // ISSN 2145-390X

QUIEREN QUITARNOS (D)EL CAMINO.

Mientras el presidente Álvaro Uribe descubre y se divierte con el agua que moja, las fuerzas armadas, a su mando, preparan un exterminio. Sigue la minga nacional indígena, y los oligarcas no saben cómo acabar la rebelión.


Por: G.A.C.R.

Mientras las fuerzas armadas han llegado a la vía Panamericana, a la altura de La María – Piendamó, cargadas con centenares de balas, decenas de gases, innumerables explosivos, armas de largo alcance y de los medios monopólicos de desinformación, a obstaculizar el punto de mayor afluencia de la Gran Movilización Nacional Indígena, y reprender la justa protesta popular, los comuneros indígenas tienen que tolerar las intromisiones y ataques oficiales a su vida, a su integridad y a su territorio. El presidente Álvaro Uribe, el ministro Andrés Arias, agricultor con ínfulas de terrateniente gamonal, y los comandantes de policía y Ejército que lideran la ofensiva paramilitar contra los indígenas, no han dudado un instante en vociferar ante el mundo que la guerrilla está detrás de la movilización, y por lo tanto, afirman que todo manifestante es un terrorista al cual se necesita aniquilar. Desde la noche del pasado lunes 13 de octubre, los oficiales anunciaron la masacre que planean ejecutar en el lugar, con el visto bueno de la cúpula ejecutiva, y legitimados por el discurso mediático que cataloga toda protesta y todo trapo en la cara como un peligro para la nación y el proyecto de inseguridad democrática. Desde ese día han muerto dos personas a manos de integrantes del ESMAD, quienes cargan armas bélicas para dirimir la protesta, violando así las convenciones internacionales en la materia, incluso los códigos de guerra que protegen la confrontación en igualdad de condiciones. Ya son casi cincuenta los heridos que tienen en sus cuerpos las pruebas del genocidio que quieren cometer, muchos de ellos tienen laceraciones de armas de fuego, evidencia concreta del uso de balas y francotiradores entrenados para este tipo de actos.


Quieren exterminar un pueblo, que no se cuenta por el número de personas que integran las comunidades indígenas, sino por la cultura, la tradición y el legado que dejan centenares de años de resistencia, siglos de propuestas, y miles de enseñanzas ancestrales de convivencia con la madre tierra, el respeto a un mundo que es irrespetado por el mismo hombre, por sus mismas máquinas explotadoras. Quieren acabar la luz de la esperanza, quieren asesinar la flecha del recuerdo y aniquilar la ilusión de una raza que se mueve por su fuerza y empuje.


El trono del oligarca tiembla, por eso ataca. El ojo vigila su rebaño, y no quiere perderlo, pese a la minoría de ovejas que le acompañan. El pueblo colombiano está de nuevo en pie de lucha, en cada calle, en las aulas, en el trabajo. El gobierno arremete, y ataca con fuerza, asesinando cuanto indio ve pasar; ya son veinte en dos semanas, los han retenido en distintas operaciones encubiertas, pero incluso las FARC también han puesto su cuota, no sólo en los últimos días, sino en los últimos años, pero nada compara las execrables cifras que arrojan más de 1200 muertos en seis años de mando neoliberal, aplicando los mejores consejos de Maquiavelo. Y es así como una vez más los caseríos y resguardos son sobrevolados por las aeronaves gringas del Plan Colombia, convirtiéndose así en un elemento intimidatorio para la población que sigue pensando que es un derecho y un deber ser opositor crítico a un sistema que mancilla el honor y vende al mejor postor los productos de la tierra, e incluso ella misma. Desde el mismo lunes los indígenas y acompañantes denunciaron el plan criminal del Estado para desaparecerlos, y más de 36 horas después los medios que manejan medio país no lo han denunciado, como sí se apresuraron a prestar sus cámaras y micrófonos a la Casa de Nariño para denigrar de la protesta a través de un policía que se voló sus manos con un explosivo que pretendía arrojar a los manifestantes, con tan mala suerte que el artefacto le estalló antes. Lógicamente la información, como siempre, fue matizada, y a lo único que apuntalaron a señalar, es a afirmar que los indígenas utilizan machetes para agredir a la fuerza pública, obviando que esa herramienta es la más básica en sus labores cotidianas del campo.


Hoy la minga continúa en todo el territorio nacional. Los corteros de caña se han sumado a la protesta, los trabajadores de la rama judicial decidieron seguir en paro, demostrando así que el objetivo de fondo está más allá de tumbar el TLC, de obtener las tierras, de recibir mejores ingresos; está en un mundo donde todas estas condiciones sean las consecuencias de una política que elimine el capitalismo y el imperialismo en crisis por estos días… ¡Claro, señor presidente! ¡Claro que los indígenas están tratando de obstaculizar el TLC! ¡Claro que luchan por un mundo mejor! ¡Claro que el agua moja, como sus balas matan, pero que no acaban ni exterminan la razón de un pueblo!


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