Comunicación Alternativa // ISSN 2145-390X

PARA QUÉ TANTA PARAFERNALIA SI NO SE PUEDE HABLAR.

Discurso de bienvenida a los nuevos estudiantes de la Universidad Distrital.

Sede Facultad de Ciencias y Educación- Macarena A. Enero 30 de 2009.

 

Shi sué Chibu tibas. Buen día, saludo compañeros.

 

Varios de ustedes se habrán dado cuenta de mi presencia hace dos días, en el Teatro Majestic, donde se efectuó la inducción general a los nuevos estudiantes de la Universidad Distrital. El evento lo realizó y organizó la dependencia de Bienestar Institucional, sin tener en cuenta las distintas actividades que ejercen decenas de grupos organizados al interior del alma máter; su fin era materializar el ideal de que la universidad les puede garantizar una permanencia óptima en sus años de estudio, con servicios eficientes y amplios, y sobretodo, con la posibilidad de construir cosas en conjunto. Desde el grupo de comunicación que represento, invito por enésima vez a que estos mega eventos de amplia importancia sean coordinados y proyectados pluralmente, teniendo en cuenta las distintas expresiones de la universidad, y no que simplemente un par de funcionarios postren sus traseros frente a un computador para escribir una programación, excluyendo así de facto a aquellos individuos u organizaciones no institucionalizadas o que no van con el sentir burocrático de la administración de turno. La actividad de inducción general a los primiparos es un hecho de suma importancia, porque a muchos de ellos seguramente no los volveremos a ver, y tener ese espacio de diálogo mutuo es vital: algunos estarán en la Sede de Educación, otros se irán para las ingenierías, otros para las carreras tecnológicas, y nuestro contacto fugaz desaparecerá. Es necesario llamar con antelación a los distintos estamentos y grupos de la universidad, ya sean culturales, políticos, etc., y que se cuadre desde el plano formal el diseño de una programación atrayente y pedagógica para los nuevos estudiantes; de lo contrario estaremos repitiendo actos grotescos, anti pedagógicos, mamones y hartos, como el del miércoles pasado.

 

Es necesario hacer hincapié en que la administración se esforzó en no dejar expresar libremente las proposiciones de las agrupaciones, que, dado el hecho, debieron tomar la palabra antes de los actos protocolarios oficiales, y así enfilar sus argumentos y propuestas al selecto grupo de jóvenes que desde hoy son nuestros nuevos compañeros. Se excusarán los funcionarios y organizadores con distintos argumentos; a mi personalmente me dijeron que sí, que ellos sí podrían hablar, pero hasta el final, como quien dice, cuando estemos recogiendo el chuzo, la parafernalia del acto, y ya pocos les pongan atención. Lamentablemente llegué tarde al acto, que se efectuó desde las 8 a.m. hasta cerca de las 2 p.m. Desde las 10 a.m. negocié (porque así toca cuando el que es tenido en cuenta sólo es el encorbatado) cómo podría tomarme un momento la palabra y hablar un par de cositas de joven a joven. Escuché, como varios de ustedes, el discurso del señor rector, en donde se refirió a la libertad de pensamiento, de expresión, y que, por duodécima ocasión, se atrincheró en el lugar común en que se ha convertido hablar de los encapuchados y las manifestaciones de tolerancia hacia todo tipo de ideologías. Eso fue relativamente temprano, para todo lo que faltaba más adelante, pero en ese momento mi espacio para hablar, en representación del periódico EL MACARENAZOO, su medio de comunicación universitario, ya estaba asegurado. “Dentro de aproximadamente tres horas, después del grupo de danzas o antes del grupo de rock, que es el que cierra el evento usted puede hablar” me dijo un trabajador de Bienestar Universitario y presentador del acto, no sin cerrar con un “aunque sus compañeros ya hablaron”, refiriéndose a la posesión de los micrófonos que otros colegas habían efectuado por la mañana, pero expresando el ideal de sus grupos: Zoolodistri, La ACEU, la FUN, el Comité de Estudiantes Antiimperialistas… Bueno, creí necesario expresar algunas ideas, y por eso aguardé el tan anhelado momento, aunque tuviese que aguantarme, tal vez como algunos de ustedes, una conferencia que subestimaba las capacidades innatas de los asistentes, y disfrutase también de la pulcra y excelente presentación del grupo de danzas de la universidad.

 

Al llegar el momento, los organizadores fueron diligentes para entregar el micrófono al director de la banda, por cierto un grupo musical de la Universidad, y evitar que otro compañero (que también quería hablar en nombre de su grupo, y que también aguardó su buen par de horas esperando el momento) y yo interviniésemos. Quiero aclarar este punto, porque los dos respetamos esas directrices leguleyas, así como el previo acuerdo. Es inaceptable que la banda haya decidido empezar a tocar y el director ni nos haya visto en lo más mínimo; por ese motivo tomé una silla, y en mi legítimo uso de la palabra, a capela, sin micrófono, sin show parafernálico, les hablé. Por un momento los instrumentos dejaron de sonar, mientras hablaba, pero con la orden inminente de sabotaje volvieron a retumbar, por eso pensé que me tenía que subir a la tarima y tratar de utilizar el micrófono. Al hacerlo, tres hombres, funcionarios de la universidad, en una clara actitud policiva, me impidieron el acceso a uno de los varios micrófonos, sujetándome de las manos, pero con lo que pude tumbe al suelo un micrófono, sólo diciendo que yo no estaba contra los músicos, estaba contra su actitud arrogante y su falta de compromiso. El micrófono en el suelo es una expresión, ellos la llamarán violenta, irrespetuosa y hasta patán, que demuestra que acá no nos quieren dejar hablar, y si no podemos hablar entonces para qué tanta parafernalia, para qué micrófonos, para qué excelentes servicios en la universidad, si no tenemos derecho a pensar, a levantarnos de nuestras sillas cuando queramos, criticar, debatir y protestar con o sin rostro.

 

Mientras el rector fue diligente y veloz cuando la policía le sugirió entregar la base de datos de la universidad, y éste muy cortésmente les dio las listas completas y en medio magnético de los estudiantes y profesores que habían pasado y pasan por acá desde 1992 hasta la fecha, no ha ocurrido lo mismo con las decenas de peticiones escritas que le llegan a su despacho. La entrega de las bases de datos a la policía se convierte en un claro delito contra esa libertad de pensamiento que Carlos Ossa osa defender. Hacemos, pues, un llamado a que las propuestas de la comunidad universitaria que conllevan al fin de la universidad como generadora de cambio en la sociedad, sean apoyadas de una manera total, irrestricta y decidida por nuestros representantes; que su compromiso con esta institución no vaya hasta donde su sueldo o su horario de trabajo le permitan. Queremos conocer que las bonitas palabras que expresaron hace dos días para ocultar tanta mierda y asquerosas repugnancias que pululan por estos lares, son verdaderas, que su objetivo sí es reestructurar la mazmorra de puestos oficiales en que se han convertido las instituciones estatales, sin perjudicar los intereses de la amplia mayoría.

 

Pero se preguntarán qué hilo conductor mueve este discurso. Sólo, para no demorarme más, y evitando que me quiten la palabra, quiero recordarles un par de datos con los cuales ustedes mismos cocerán esta charla: Nos están matando en nuestros barrios, en las calles, en nuestros sitios de trabajo. Los llamados “falsos positivos” son apenas una punta visible que los medios masivos de propaganda no han podido ocultar. Estos asesinatos dan fe de que el Estado prepara un golpe donde el que se mueva se arrepentirá, y el que no tome posición también llevará del bulto. A cualquiera lo pueden agarrar en Soacha y presentar su cuerpo ante la prensa a los dos días como un guerrillero muerto en combate. La forma de callar también varía: con allanamientos ilegales, con la colocación de falsas pruebas, con funcionarios encorbatados que tratan de impedir a la fuerza que alguien hable, con la instalación de cámaras de seguridad, con un control poblacional diario a través de reclutamientos forzados y toques de queda para menores de edad, y también incluso de secuestros, como el que en este momento está padeciendo nuestro compañero William Javier Díaz en la penitenciaría La Picota. Todas estas cosas están ligadas, así como el hecho de que ustedes desde el primer día se sienten ahí y no puedan interactuar o siquiera estirar sus pies, por eso mi invitación es a levantarse, hablar, indagar, investigar, estudiar, debatir, discernir, y sobretodo a que respondan con preguntas, a eliminar al fin la dictadura del pensamiento único que lleva a tolerar todo acto de barbarie de nuestros propios representantes en el poder.

 

Itzequene, chichaco sué. Gracias. Buen día.                  
Sergio Vargas – director EL MACARENAZOO


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