Comunicación Alternativa // ISSN 2145-390X

QUE CAIGAN LAS CARETAS.

RAFAEL BALLÉN*

 

Un grupo de jóvenes –posiblemente estudiantes de la Universidad Distrital– con la cara cubierta con un lienzo negro, aprovecharon el inicio de una nueva promoción para expresar su inconformidad por el fraccionamiento y la crisis general que afronta la sociedad colombiana. A los manifestantes les tomaron unos videos que la senadora Gina Parody presentó a los medios de comunicación y al Congreso. Así estalló el escándalo de la “infiltración de las Farc en la Universidad Pública”, según el discurso oficial. El Rector Carlos Ossa en tono mesurado dice que si se garantiza el análisis libre de la realidad del país, los universitarios no necesitarán ponerse capucha. A continuación los estudiantes protestan en la calle porque se sienten estigmatizados, Ossa es citado al Concejo, los concejales hacen el gran drama, “capucha” incluida.

No se trata de una capucha sino de una careta. Una capucha es un tipo de cobertura, que forman parte de una prenda más grande, como un abrigo, una camisa, una capa o una chaqueta. Las capuchas se dejan en la parte posterior de la prenda y se ponen en la cabeza cuando sean necesarias. También pueden ser desmontables para transformar un abrigo de invierno en otro de verano. Las capuchas cubren la mayor parte de la cabeza y el cuello, y pueden ser utilizadas para la protección contra el clima, como moda, como forma de vestido o como parte de un uniforme tradicional. El capucho puntiagudo que cae sobre la espalda, es precisamente lo que da la denominación a la orden religiosa de los capuchinos.

¿Por qué se ponen careta los universitarios? Los usufructuarios del poder dicen que se sienten agredidos porque los estudiantes se ponen careta. Es todo lo contrario, se ponen careta porque sienten temor si presentan sus arengas dando la cara, pues pronto serán ubicados e identificados por los servicios de inteligencia o de parainteligencia y se pone en riesgo su vida. Si en el consejo comunitario ante el presidente Uribe, se hubiera presentado un “encapuchado” denunciando que al ex alcalde de El Roble (Sucre), Edualdo Diaz, lo iban a matar por orden del gobernador Salvador Arana, probablemente el denunciante estuviese vivo. También estarían vivos, si hubiesen utilizado careta, el investigador Alfredo Correa de Andreis, y tantos periodistas y líderes sindicales que han sido asesinados: los primeros por informar y los segundos por expresar sus ideales políticos.

¿Está probado que quienes utilizaron caretas en la Universidad Distrital eran de las Farc? ¿Por qué se angustian los voceros oficiales? ¿Acaso con la muerte de Reyes, Ríos y Marulanda las Farc no llegaron a su fin? Uribe anunció que si era necesario gastaría todo el presupuesto de Colombia en el pago de informantes. ¿Por qué nadie ha informado? “Exageran”, dice el más conspicuo y lúcido ideólogo de la guerra, Alfredo Rangel.

 

¡Qué paradoja! Quienes deberían quitarse la careta son los bandidos coronados, porque se hallan cubiertos por la careta de la ley. Hoy la ley no es sino una simple careta, que sirve para cubrir el rostro y las manos a los grandes delincuentes, que están dentro y fuera del Estado. Por eso todo aquel que tenga que interpretar la ley por estar investido de autoridad, como el juez o el magistrado, o el simple ciudadano, cada vez que tropieza con un conjunto de normas o cuerpo jurídico, lo primero que debe hacer es levantar esa careta y ver a qué criminales va a proteger y, hecho ese análisis, ahí sí proceder a aplicarla. Es una medida de profilaxis sociológica y jurídica. Aquí lo que tenemos que gritar con todas nuestras fuerzas es: ¡Que caigan las caretas y sus fabricantes!

 

*Director Centro de Investigaciones Universidad Libre

Calle 8 No. 5-80 Tel. 3821040 Bogotá.


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