Comunicación Alternativa // ISSN 2145-390X

MEDIO SIGLO DE LUCHA ARMADA Y UN PROCESO DE PAZ EN MARCHA CON EL ELN

Por: Carlos Medina Gallego.*
Fecha de publicación: 4 de julio de 2016.



En la historia del Ejército de Liberación Nacional, ELN, hay tres momentos fundacionales importantes: la conformación de la brigada pro-liberación José Antonio Galán, con la adopción de la consigna comunera de ni un paso atrás liberación o muerte (NUPALOM), en el marco de un pacto revolucionario de jóvenes rebeldes en un ritual donde está presente Ernesto “Che” Guevara y se decide el impulso de la teoría insurreccional del foco guerrillero en Colombia en los primeros meses de 1963, en el marco del fervor de la revolución cubana; el segundo momento lo constituye la primera marcha guerrillera, emprendida el 4 de julio de 1964 en el municipio de San Vicente de Chucuri para hacer efectivo el compromiso adquirido y, el último, la toma de Simacota el 7 de enero de 1965, como el hecho práctico del inicio de la lucha armada. De ese momento a hoy han transcurrido 52 años de historias de compromiso, guerra, tragedia y dolor que hoy buscan afanosamente un escenario posible de solución política negociada.

La aparición pública del ELN, su primera acción militar en Simacota, se acompaña de un manifiesto que en enunciados breves busca expresar el punto de vista de la organización acerca de la propiedad agraria, las condiciones de existencia de los obreros, los pequeños y medianos productores, la educación, la salud, la vivienda, asumir una posición antiimperialista, e informar el inicio de la lucha revolucionaria, sin otro objetivo, en el momento, que el de derrocar el gobierno, convocando a los protagonistas del conflicto social, y llamando al pueblo liberal y conservador a hacer frente a la oligarquía de ambos partidos.


Han transcurrido 52 años desde el momento en que se da la primera marcha el 4 de julio de 1964. Es claro que el país y el mundo se han transformado de manera sustancial y que el régimen de explotación, exclusión, pobreza y desigualdad permanecen… También es claro que el ELN se ha transformado: el más joven de todos los combatientes que asistió a la toma de Simacota, Nicolás Rodríguez Bautista, hoy tiene 63 años; persiste en las ideas que dan origen a su compromiso y, desde hace algo más de 25 años, conduce la organización hacia un proceso de solución política negociada y paz.


El ELN debe ser caracterizado como una organización social y política en armas, cuya fortaleza no está en su capacidad de ejército, sino, en lo esencial, en su relacionamiento con la población y su compromiso con los cambios de las regiones en que hace presencia. De ahí su insistencia en la participación decidida de la sociedad civil en los procesos de negociación y que la paz se construya desde los territorios.


Más allá de las temáticas generales que se corresponden con la canasta de derechos sociales que han de mover la conflictividad futura (trabajo, salud, educación, vivienda…); de la lucha por una democracia incluyente y respetuosa de la diferencia; del tema de las víctimas del conflicto y los derechos humanos de la población; el tema central del ELN tiene que ver con la política minero energética, el medio ambiente y los recursos naturales, aspectos que la organización ha reivindicado desde mediados de la década de los ochenta.


Hoy el ELN puede contar con un mayor apoyo si toca con suficiente y pragmática inteligencia el tema minero energético, prestando especial atención a la minería artesanal y tradicional; a la pequeña y mediana minería; a la legalización de los títulos mineros de pequeños y medianos propietarios; a la revisión de la política de distribución y condiciones de inversión de regalías en los territorios productivos; al manejo ambiental por parte de las trasnacionales; a la conservación de los recursos naturales como recursos estratégicos de la nación (aguas, páramos, humedales, selvas y ecosistemas frágiles…entre otros); al compromiso social empresarial con las poblaciones y los territorios. Y si enfrenta con decisión la minería ilegal en manos de paramilitares y bandas criminales y legaliza socialmente su propia minería.


La experiencia ha demostrado que no existe ningún inconveniente para que la sociedad civil participe en un proceso de conversaciones y haga sus aportes correspondientes a la construcción de imaginarios de paz y convivencia democrática, en el marco de una propuesta metodológica viable y un propósito específico. Los puntos de agenda que se conocen, acordados entre el gobierno y el ELN, seguramente tomarán en consideración obligados aspectos de los temas acordados en La Habana que competen al interés general en un único sistema político y para una única nación.

Se están cumpliendo cincuenta y dos años del inicio de la lucha armada del ELN. El país entero está esperando que el ELN y el Gobierno superen todos los inconvenientes y marchen conjuntamente hacia un escenario de conversaciones para la solución política negociada del conflicto armado. El presidente Juan Manuel Santos tiene mayor interés en este proceso y Nicolás Rodríguez Bautista ha dicho recientemente que están a la espera de sentarse a conversar sobre la agenda dada a conocer el 30 de marzo, resultante de la fase exploratoria que precede a la Mesa Pública. Esperamos con ansiedad ese importante y trascendente hecho, para el cual distintos sectores de la sociedad civil se han movido con especial responsabilidad y esperanza.

* Docente Investigador de la Universidad Nacional de Colombia. Adscrito al Centro de Pensamiento y Seguimiento al Proceso de Paz- CPSPP y al  Grupo de Investigación en Seguridad y Defensa- GISDE.


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